Había una vez, en el pueblo de Numerolandia, donde se quedo atrapado por un hechizo que hizo que el pueblo se inmovilazara por un poder muy dominante llamado "la maligna raíz cuadrada", que provocó que el condando permaneciera sin salir al exterior durante 100 años, hasta que un día, llegó el ejército de las potencias elevadas al cuadrado. Había miles de doses, tantos como doses mayores y pequeños, los cuales no temían a nada, y sobretodo su temor sobre las raíces cuadradas era ajeno a sus intereses. Cuando llegaron a la entrada de la aldea, lo primero que hicieron fue bajar el puente elevadizo, quienes fueron los primeros en poderlo hacerlo, porque ya habían ido miles de ejércitos de todo tipo de números y ellos fueron los únicos en conseguirlo.
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Entraron directamente en las viviendas de los ciudadanos, diciéndoles que habían venido a rescatarles de esa malvada maldición y que no volverían a sufrir algo semejante a aquello en la vida. Formaron grupos entre todos los ciudadanos y pidieron que no cundiera el pánico y también que siguieran al líder que tenían en su grupo, que obedecieran todas las ordenes que el mandara. Era la primera vez en años que los habitantes del pueblo estaban tan felices. Los vecinos les agradecieron de todo corazón a los soldados por haberles salvado la vida, porque llevaban una vida en la que se estaban muriendo lentamente y en la que no estaban disfrutando.