¿Nunca antes te has preguntado a dónde van a parar todas esas operaciones imposibles? ¿De verdad creías que desaparecían? Así sin más. Como sabes, los pensamientos son materia al fin y al cabo, y como dicta la ley de la conservación de la materia, esta no se crea ni se destruye, se transforma.

Por tanto todas esas ecuaciones bicuadradas, logaritmos y potencias de exponente fraccionario deben ir a algún lugar. El tipo de componente del que están formadas es muy especial, y tiene una propiedad en común con los gases: tiende a subir.

Estas, además de quedarse estancadas en el techo de la habitación en el que han sido planteadas, son invisibles; y sólo se van a revelar ante un posible candidato que sea capaz de resolverlas. ¿Por qué si no cuando entras en alguna biblioteca o museo sientes una fuerza inexplicable? Son dichas preguntas, que, para atraer a algún cerebro desprevenido, someten a este a un tipo de campo magnético que es favorable para el movimiento de las neuronas.

¿Y nunca has visto a algún individuo mirar a la nada? Son las raíces no resueltas de algún alumno, que piden ser terminadas.

La razón por la que estas preguntas tienen esta ansia de ser resueltas, es porque cuando flotan en el techo, se encuentran entre una especie de mundo paralelo, que las separa del cielo de las resueltas y nuestra mente. Y el propósito de toda operación es ser resuelta, su meta en su variada existencia.
Por tanto, cada vez que vayas a abandonar cualquier tarea, piensa en el destino de esa pobre función; olvidada hasta que alguien consiga resolverla. Y hazles el favor de dejarlas descansar en paz en su paraíso.